viernes, 6 de octubre de 2017

Suerte de leerme


No te das cuenta lo afortunad@ que eres si estás leyendo esto, sí, lo que lees; eres muy afortunado por leerme. ¡Enhorabuena! Tienes mucha suerte.
Puedes ver con tus ojos, que parece una simpleza hasta que te fallan y se cierra la mayor ventana al mundo que tenemos. 285 millones de personas tienen discapacidad visual. Piensa un momento en tu vida sin poder ver.
Puedes leer, sabes leer.  En el mundo, en este mundo tan magnífico y global que creemos tener, quedan 770 millones de personas que no saben leer. Sí, unas 20 veces la población española. Piensa por un momento en tu vida sin saber leer.
Tienes ordenador o smartphone, y evidentemente acceso a internet.  El 57% de la población no tiene internet.  Piensa un momento en tu vida sin internet.
Tienes electricidad donde conectar tu ordenador o smartphone.  Simple ¿verdad? Pues 1.600 millones de personas no tienen acceso a la electricidad y 2.400 millones utilizan leña o carbón para cocinar.  Piensa por un momento en tu vida sin electricidad.
Tienes tiempo de ocio, no tienes que dedicar todo tu tiempo en conseguir alimento y sustento. En la actualidad 815 millones de personas pasan hambre, y con hambre no queda tiempo para el ocio. Piensa un momento en tu vida con hambre.
Lees lo que quieres leer y opinas lo que quieres opinar. Eres libre, tus lecturas no pasan una censura previa ni nadie te impone qué pensar. Parece que siempre ha sido así, pues no, 2 de cada 3 internautas sufren censura en el mundo. Piensa por un momento en tu vida sin libertad de elegir lo que lees.
Y así podía seguir por un buen rato haciendo deducciones simplistas para demostrarte lo afortunado que eres por leerme, para llegar a la conclusión de que no eres más listo que quien no puede leerme, ni más guapo, ni más trabajador, ni siquiera mejor persona; simplemente has tenido la fortuna de "poder leerme".
Si has ido pensando cómo sería tu vida sin estos elementos que creemos nos pertenecen por derecho divino; seguro que recapacitarás antes de abrir la boca para quejarte por las pequeñeces que te rodean.
Que puedas seguir leyéndome por mucho, mucho, tiempo.

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